Crítica legítima

08 - 01 - 2020 / DAVID JIMÉNEZ TORRES - EL MUNDO

Crítica legítima

EL NUEVO Gobierno de coalición es legítimo También es legítimo recordar que es exactamente el tipo de Gobierno (coali­ción PSOE-Podemos apoyada por ERC y Bildu) que Pedro Sánchez y sus portavoces declararon peligroso e indeseable du­rante la campaña electoral. Como es legítimo señalar que su hoja de ruta para la crisis catalana (mesa de negociación de igual a igual seguida de referéndum sobre los acuerdos alcanzados) no fue presenta­da a los votantes en las últimas eleccio­nes. que si esto se hubiera hecho quizá al­gunos de los que votaron al PSOE se lo habrían pensado dos veces, y que hay una gran desproporción entre la seriedad y consecuencia de ese proceso y las expli­caciones aportadas sobre el mismo

También es legítimo señalar que el so­cialismo ha decidido apoyarse en dos par­tidos legales pero anticonstitucionales tan­to en su programa como en su discurso, y en otro partido que ha impugnado la Car­ta Magna durante años y que considera a Junqueras un preso político y a Puigdemont un exiliado Y es legítimo apuntar que el PSOE ha elegido estos apoyos sin exigir que moderen su mensaje. Como es legítimo recordar que los socialistas teman otras alternativas y que no las agotaron antes de elegir esta fórmula de gobierno. O concluir que han preferido pactar con un preso que con el PP. O reprochar que no alcen la voz cuando sus socios deslegitiman al poder judicial o al Rey. O recor­dar que Sánchez ha desvirtuado instituciones como la Abogacía del Estado al poner­las al servicio de su negociación con ERC. O indignarse ante un partido que llama crispadores a Arrimadas. Casado y Abascal y no a quienes hicieron carrera defen­diendo el secuestro, la extorsión y el ase­sinato como herramientas políticas.

Conviene señalar todo esto porque el discurso de venta del nuevo Gobierno, tanto en el Congreso como en sus medios afines, se acerca peligrosamente a la deslegitimación de la crítica. El lamento pa­sivo-agresivo por la crispación o el apocalipticismo rehúye la sustancia de los ar­gumentos en contra de este Ejecutivo, que son muchos y serios, y se refugia en la estigmatización del mero acto de criti­car. Que los partidarios de Sánchez e Iglesias los defiendan si quieren, pero que no pretendan que una esfera pública democrática no fiscalice las mentiras del gobernante y advierta sobre las posibles consecuencias de sus decisiones. Porque resulta que hay pocas cosas más legítimas que no pensar aquello que Moncloa dice que deberíamos pensar.