Cuidado, que vienen los buenos
"Aquí todos los periodistas pueden preguntar y son bienvenidos", decía Isabel Díaz Ayuso hace unos días, "no expulsamos a ninguno ni los dejamos fuera por incómodas que sean sus preguntas". La reacción del PSOE ante estas palabras era señalar que la presidenta de la Comunidad de Madrid se sitúa siempre en el lado incorrecto de la historia. De esta afirmación se desprenden, de manera inequívoca, dos máximas: que, en opinión de la formación en el Gobierno, es aceptable (y deseable) que no se permita a todos los periodistas preguntar libremente para informar en consecuencia y que expulsar a quienes resulten incómodos, dificultando el ejercicio de su trabajo, es correcto
Yo no tengo muy claro que sean el Ejecutivo y sus apologetas los más indicados para ejercer de vigilantes de la libertad de prensa. Es más, creo que son los menos recomendables para ello. ¿De verdad queremos transferir al Estado nuestra libertad para recibir información fiable, nuestra responsabilidad para decidir en quién confiamos para hacerlo? ¿Es la mejor idea hacerlo justo ahora, cuando se encuentra asediado por inauditas sospechas de corrupción y con varios y escandalosos casos judicializados en los que están implicadas personalidades alarmantemente cercanas al presidente del Gobierno? Alguien dispuesto a horadar el derecho a la libertad de prensa en democracia solo puede hacerlo si no le importa que, cuando no esté en el poder y sean sus ideas las que estén en la oposición, otros hagan lo mismo. O bien no contempla la alternancia política como una posibilidad y, por lo tanto, no teme que eso ocurra. Ambas deberían hacernos desconfiar, a poco que apreciemos nuestras libertades. A veces, defender a los más cafres es la única opción.
REBECA ARGUDO - ABC (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
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