¿De verdad somos cínicos?
La frase ha pasado casi desapercibida, como pasan en estos tiempos tantas palabras y hechos escandalosos en nuestro país, pero merece ser analizada con detenimiento. La pronunció Pedro Sánchez durante su evasiva comparecencia en el Congreso de Diputados el 7 de mayo, 9 días después del histórico lunes en el que España se quedó sin luz: "Y qué gran acto de cinismo es lamentar las cinco vidas que tristemente se perdieron por el apagón e ignorar las más ocho mil que se pierden cada año en España como consecuencia del cambio climático".
Estamos ante una fría valoración que reduce la muerte de ciudadanos a una cuestión numérica y derriba de un plumazo una de las grandes conquistas de la civilización occidental que inspiró la Carta Universal de Derechos Humanos, como es la de la atención insoslayable que merece el individuo, ese 'hombre concreto' del que hablaba en sus lúcidos ensayos
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