¡Dejen de respetar al pueblo!
Una derrota electoral no equivale a una derrota de las ideas. Lo sabemos todos, incluidos los políticos. Sin embargo, cuando les vienen mal dadas, acatan la tópica cursilería circulante al explicar o justificar sus derrotas, comenzando por la más desastrada de todas: «no hemos escuchado la voz de los ciudadanos (el pueblo, los votantes, etc.)». Una chatarra reforzada no pocas veces con la tramposa metáfora espacial que conduce a delirios como uno que escuché en la radio al día siguiente de las elecciones: «extrema derecha moderada» (les confieso que estaba esperando un remate «...de centro izquierda»)
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