Del sexenio negro a la década ominosa
Se decía al comienzo de este artículo que la mayor parte de los españoles estaría de acuerdo en admitirlos, y sin embargo el país está dividido. Esta, sí, es una noticia pésima. Para una mitad son razón suficiente para expulsar de la vida pública a todos esos farsantes. La otra mitad, sin embargo, se limita a decir: «Vamos de acuerdo, ¿y qué?». Detrás de esa pregunta es posible que asomen algunas convicciones sinceras («todos hacen lo mismo», «son peor los otros», «estamos mejor que antes»)...
A los de ese «¿y qué?» lo del deterioro de las instituciones democráticas les importa poco, para ellos es cosa abstracta. De modo que tratan de centrar el debate en «los problemas de la gente»
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