Descarada falta de ejemplaridad
Solo desde la cultura política auspiciada por La Moncloa, que elimina la rendición de cuentas, puede concebirse que el dirigente socialista cazado por la Policía ofreciendo ayuda a un capo libanés en Canarias, intente justificar su conducta con una pasmosa apariencia de normalidad. Más allá del curso de la investigación, la mínima ética pública a la que se debe cualquier cargo institucional exige no normalizar lo patológico
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