Dignidad. Ya nada es lo que fue
Hubo un tiempo, durante y después de la Transición democrática en que la política fue mayoritariamente una escuela de dignidad, salvo quizás algunas excepciones, pues la fauna de parásitos y oportunistas se halla por doquier, en cuyo escenario se movían profesionales de alta cualificación, personas que aceptaban la contienda política según ideologías y partidos, pues para empezar asumían su voluntad de servicio al país aportando sus conocimientos, sabiduría y experiencia para el progreso de todos, y en muchos casos en notable detrimento de sus economías profesionales
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