¿Diálogo con el nacionalismo?
¿Diálogo con el nacionalismo?
El domingo pasado se manifestaron por las calles de Madrid los partidarios de la independencia de Cataluña con todo el derecho que les da nuestra democracia. Expresaron públicamente sus ideas y al mismo tiempo se demostraron sí mismos que aquí no se encarcela a nadie por su pensamiento político sino por su actuación en contra de las leyes y los derechos de los demás. La democracia española respetó sus aspiraciones.
Ahora le toca al independentismo demostrar sus ideales democráticos quitando los lazos y pancartas de los edificios oficiales, respetando los derechos de todos los catalanes. Pero Torra y los suyos no quitan nada, no quitan los símbolos del golpismo: esos ridículos lazos amarillos que dicen que simbolizan a unos presos políticos inexistentes… No es lo mismo estar encarcelado por sus ideas políticas que por sus malas ideas. Malas ideas que te llevaron al delito.
Igual que pasó con Adolf Hitler y para que la bestia nacionalista no se enfade, les dejaremos que se apoderen de los espacios públicos para disfrute de unos cuantos, de su partido y del nazional-catalanismo. Que hagan siempre lo que les dé la gana por encima de todos. Seguiremos la estrategia cobarde del primer ministro británico, Neville Chamberlain y miraremos para otro lado, como si nada pasara, para evitar conflictos. Dejaremos que la bestia devore al estado, la democracia y las leyes como en el pasado. Aunque de nada sirvió no actuar a tiempo, porque las consecuencias fueron mucho más crueles. Es que no aprendemos.
Como tabarnés convencido y catalán no nacionalista, digo que es ridículo dialogar con los delincuentes que se saltan la ley; porque ellos ya han cometido el delito. Se podría haber dialogado antes, pero han sido totalmente irrazonables e intransigentes. Han impuesto su visión egoísta de Cataluña, la exclusión y sus antivalores; y lo siguen haciendo con impunidad. De igual manera el nacionalsocialismo impuso su visión egoísta en Europa, la exclusión de las “razas inferiores” y de los judíos, cerrando sus comercios y negocios…
Es monstruoso ver a los padres castellanohablantes de Cataluña abandonando su lengua materna, el castellano, y educando a sus hijos en catalán, incluso en el hogar (además de la inmersión lingüística en las escuelas) por miedo a que no se integren en la sociedad nacionalista; o también que se multe a los comercios que rotulan en castellano. Todo ello es reflejo de una democracia cagona o cobarde, al estilo Chamberlain y de un nacionalismo intolerante y chulesco. Nunca han aceptado el diálogo, y si lo han hecho, ha sido para conseguir más y más privilegios, como hizo el nacionalsocialismo.
El nacionalismo se ha vuelto una enfermedad, una plaga dañina, un delito; y la solución no puede ser hablar con el delito. Faltan antes otras muchas medidas que restituyan el equilibrio y la sensatez. Estoy convencido de que sin la derrota total del nazional-catalanismo no hay solución, y eso se hace con una democracia valiente y real para todos, la promoción de nuevos valores y la confrontación ideológica con el nacionalismo. Ése es el planteamiento de Tabarnia y el por qué estamos aquí: para decir alto y claro que, al igual que otra Europa fue posible, otra Cataluña es posible; que siempre ha existido, que muchos ya la conocemos y vivimos en ella desde hace tiempo...
¡Viva Tabarnia libre!
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