El 155 no acaba nunca
Al margen del juicio moral y político que pueda establecerse, la huida es la impresionante metáfora de una interpretación muy fina y ajustada de la realidad. En el terreno metafísico porque cumple la condición perenne de la fantasía nacionalista, que no es otra que la Exil-litat de Catalunya. Y en el más pragmático, porque entiende que el 155 no se acaba nunca.
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