El abad perdió el oremus
Lo curioso es que cuando Josep Maria Soler se convirtió en abad de Montserrat, antes de perder el oremus, formuló unas declaraciones muy parecidas a estas de las que ahora reniega o le hacen renegar. Eran tiempos convulsos en la congregación. Dos de sus predecesores habían renunciado en circunstancias poco claras y los monjes estaban divididos por razones litúrgicas, políticas y generacionales
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