El coraje de la moderación
Siempre ha sucedido así, ya lo decía Constant: "A políticas extremas de un signo les suceden otras de signo contrario". A las políticas extremas de la identidad y la cancelación les están sucediendo otras basadas en el pasado y en el miedo a un futuro más incierto que nunca en nuestra historia. Parece todo descoyuntado por «la exhibición de camisas ensangrentadas» por unos y por otros, viendo en el contrario al enemigo, al verdadero 'demonio'.
Unos sueñan con una nueva toma del Palacio de Invierno; en estos momentos de incertidumbre e inseguridad lo ven posible, por ello producen su discurso más radical. Los otros, según el país, resucitan sus estandartes y sus batallas míticas, anunciando que es posible volver a los tiempos gloriosos de la nación, lo que por definición es imposible. Unos con la nostalgia del pasado, otros con la nostalgia pesimista y negativa de las cuentas pendientes, de los fracasos acumulados. Es la guerra cultural de la que habla tanto la derecha más extrema, pero que practica también con gusto la izquierda identitaria, ungida por una 'verdad' que siempre ha resultado catastrófica.
Siempre ha sucedido así, ya lo decía Constant: "A políticas extremas de un signo les suceden otras de signo contrario". A las políticas extremas de la identidad y la cancelación les están sucediendo otras basadas en el pasado y en el miedo a un futuro más incierto que nunca en nuestra historia
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