El cura de Cardona se niega a celebrar un funeral en español, y la familia del difunto se larga

22 - 11 - 2021 / DOLÇA CATALUNYA . ABC - EL MUNDO

El cura de Cardona se niega a celebrar un funeral en español, y la familia del difunto se larga

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DOLÇA CATALUNYA

2021-11-15

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M. VERA - ABC

2021-11-18


El cura ‘Indepe’ sin piedad de Dolores Bastida

El padre Pubill se negó a complacer la última voluntad de Mamalola: que su funeral fuera en español. La excusa que dio a la dolorida familia: "No encuentro el misal en castellano". Todos se fueron.

Dolores Bastida abandonó la semana pasada su propio funeral. Se le había ocurrido poner entre sus últimas voluntades ser enterrada junto a su marido en el municipio barcelonés de Cardona, y que la misa fuera en español. Pero resulta que la última voluntad del sacerdote del pueblo, el independentista CarLes Pubill Gamisans, era mandarla al otro mundo en catalán; con lo que, en mitad del funeral, la familia cogió el ataúd y se lo llevó de la iglesia.

«No me arrepiento», explica su hija, también llamada Dolores, «pero que el cura nos deje toda la vida con esto, no se lo perdono».

A Dolores, la difunta, en casa la llamaban Mamalola. Se lo había puesto su hija en Grecia, a donde se la llevó hace más de dos décadas, cuando ambas perdieron a su padre y marido. A Mamalola siempre le dio igual la política, explica su hija. El procés la pilló mayor, enferma y en Barcelona. Allí se la llevó hace casi una década para pasar los últimos años de su vida. Antes, en Cardona, iba a misa los domingos, cuando aún no estaba Pubill, y le daba igual en castellano que en catalán, ya que dominaba las dos lenguas.

—Entonces, ¿por qué pidió su funeral en castellano?

—Pues yo creo que porque era su lengua materna —responde Dolores, filóloga de francés y responsable de una biblioteca en Barcelona.

Mamalola nació en 1926. También Marilyn Monroe, mientras en España un tal Francisco Franco ascendía a general de Brigada, en Italia una mujer salida de un psiquiátrico disparaba a Mussolini en la nariz, y en Francia nacía Mamalola. Sus padres, un murciano y una almeriense, se habían ido a buscar trabajo, y cuando la niña cumplió cuatro años, al padre le ofrecieron un empleo de maquinista en la mina de sal de Cardona, en ese momento una de las más importantes del mundo. Allí Dolores también conoció a su marido, natural de Almadén (Ciudad Real) y que trabajaba en la mina de su padre como ingeniero de cables.

En 95 años, a Dolores le dio tiempo para trabajar en una tienda de comestibles, criar a dos hijos, bailar, ayudar a la tía Paquita con su taller de modista, hacer ganchillo y salir a comer fuera los domingos con su marido. Durante sus últimos nueve años, ya en Barcelona, apenas pisó la calle. Le gustaba ver en la tele Pasapalabra y La ruleta de la fortuna, «y acertaba bastante», cuenta su hija. La madrugada del sábado día 13 se fue para siempre. El domingo a las 10:30 pasó a la historia, por culpa de su funeral y ese cura en la iglesia de Sant Miquel i Sant Vicenç de Cardona, un pueblo barcelonés de 4.500 habitantes, gobernado por Esquerra Republicana de Catalunya.

Dolores Bastidas tenía un seguro de decesos, explica la familia, en el que ya había pagado la misa de su funeral, y especificado en el apartado de últimas voluntades que la quería en castellano. Su familia lo repitió en el formulario de la funeraria, justo antes de recorrer con el cuerpo los casi 100 kilómetros que los separaban de Cardona.

El padre Pubill arrancó la misa en catalán, y al instante los familiares llamaron la atención de los empleados de la funeraria. «Es que han pedido la misa en castellano», le dijeron discretamente en el altar.

«El sacerdote no sabía nada, se enteró en ese momento», le justifican desde la diócesis de Solsona, a la que pertenece Cardona. Al parecer Pubill había sacado el misal y el libro de las exequias en catalán, y tras el aviso se fue a la sacristía para coger las versiones en castellano.

Al mismo tiempo Dolores informaba a los 40 asistentes al funeral, casi todos familiares y conocidos de Mamalola, y también algún vecino que quiso aprovechar esta misa en horario extraordinario, de la última voluntad de su madre.

Al rato, el padre Pubill regresó con el libro de las exequias en castellano, pero con el mismo misal en catalán porque, según la diócesis, «no encontraba la otra versión». Aun así, durante un rato prosiguió con la misa en castellano, incluido el sermón. «Escupía la misa, literalmente, se notaba que no lo estaba haciendo a gusto, y le susurré a mi marido: "A ver cómo acabamos hoy"», recuerda Dolores.

Al llegar el momento de la plegaria, el padre Pubill regresó al catalán, y la familia llamó de nuevo la atención de la funeraria. Esta vez fue el propio sacerdote el que abandonó el altar, bajó las escaleras y se dirigió en catalán a los familiares, que le respondieron en la misma lengua.

Según la diócesis, Pubill «les dijo que no encontraba el misal en castellano, y que buscarlo iba a retrasar mucho la ceremonia, y entonces se fueron». Y añaden que el sacerdote había celebrado otras misas en castellano sin incidentes. Explicaciones que más tarde repetirían por correo, tras recibir una queja formal de Dolores.

Pero la versión de la familia es bien distinta. «Ya he hecho una parte en castellano, ahora voy a seguir en catalán», les informó el padre Pubill, de 65 años, y número 281 de los 449 sacerdotes firmantes de la Declaración sobre el Referéndum de Autodeterminación del 1 de octubre, en la que invitaban a los católicos catalanes a votar. «Conviene que sean escuchadas las aspiraciones del pueblo catalán», decían en su manifiesto.

LA HIJA SUPLICÓ Dolores hija cuenta que le llegó a suplicar: «No me haga esto, por favor, que es la última voluntad de mi madre y me pone en un problema moral gravísimo». Y que al parecer a Pubill todo esto «le hacía gracia». Entonces la familia hizo un gesto a los empleados de la funeraria, quienes cogieron el féretro y abandonan la iglesia sin que el sacerdote tratara de hacer nada por evitarlo. «Estoy alucinando», explica Dolores que le decían en la puerta los empleados de la funeraria, a los que la familia exculpa de cualquier responsabilidad.

Con el funeral a medias, Mamalola se fue hacia el cementerio, donde debido al fallecimiento reciente de otro familiar tendrá que esperar dos años en un nicho temporal hasta que pueda cumplirse su otra voluntad: ser enterrada junto a su marido. Hasta esa fecha, sus hijos ya han dicho que no piensan volver al pueblo.

Sin cura, y frente a cinco familiares, a su hija le tocó improvisar unas palabras: «Perdona, mamá, lo intenté hasta el último minuto, pero te prometo que desde este mismo momento voy a luchar contra las injusticias».

RICARDO F. COLMENERO - EL MUNDO

2021-11-22