El derecho a no ser engañados
Las democracias deben basarse en la veracidad de sus representantes para que estas puedan funcionar correctamente. Sin embargo, la época de la posverdad en la que vivimos ha causado verdaderos estragos en el uso político indiscriminado de la mentira como en ningún momento histórico del pasado; sin las tecnologías electrónicas esto no hubiese sido posible en la escala y magnitud que podemos hoy apreciar
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