El postureo va 'desde el río hasta el mar'
Marco Mezquida es un pianista maravilloso. Un joven menorquín que no llega a los cuarenta y cuyas habilidades, particularmente en el jazz, le han valido ya más de una veintena de premios. ¿Por qué tendría que estropear el final de un concierto extraordinario saliendo a saludar, tras desaparecer unos segundos, con una bandera palestina cual capa de Supermán de pacotilla?
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