El silencio de Puigdemont
Su último gran momento fue cuando apareció por Barcelona, soltó unas sentidas palabras y volvió a darse a la fuga (probablemente, con la colaboración del Gobierno central). Desde entonces, la vida triste, solitaria e irrelevante del tuitero
Josep Lluís Alay, notable energúmeno independentista, tiene un trabajo envidiable: jefe de gabinete de un político fugado que no tiene gabinete, ni mando en plaza, ni gobierno en el exilio (pese a esa entelequia conocida como Consell de la República), ni poder alguno ni nada de nada.
RAMÓN DE ESPAÑA - CRÓNICA GLOBAL
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