El sueño de la razón
Como asimismo hizo notar Goya, de nuevo oponiéndose al tópico, los monstruos no son fruto de la imaginación. Encarnan amenazas demasiado reales. La fantasía y la creatividad están puestas al servicio de la vocación crítica: «Ni temo a brujas, duendes, valentones, gigantes, follones, malandrines, etcétera. Ni ninguna clase de cuerpos temo, sino a los humanos».
En efecto, será la trágica exhibición de impotencia de la política y del pensamiento occidentales, con la sucesión de gravísimos errores, lo que condujo a la situación actual donde la única seguridad es que todo es inseguro, reproduciendo el dictamen de un brillante renacentista judío-alemán, Félix Gilbert, sobre los años 1930
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