En este viejo país ineficiente
Ocupado en hacer oposición a Trump, a Von der Leyen, a Netanyahu, a Ayuso, a Feijóo y al lucero del alba –menos a los amigos de Zapatero que siguen controlando el régimen venezolano–, el Gobierno se ha olvidado de gobernar, ese aburrido trabajo que consiste en ayudar a la gente a resolver sus problemas cotidianos. Asuntos como la vivienda, el precio de la luz, de la gasolina, de los tomates y demás suministros básicos, la eficacia de los servicios burocráticos de la Administración del Estado o la gestión del tráfico ferroviario para que los trenes no lleguen con retraso. (Incluso para que simplemente lleguen a destino sin contratiempos trágicos). El grito contra la guerra, que está muy bien, no agiliza ninguno de esos trámites esenciales para la vida diaria de los ciudadanos, aunque nos hayamos acostumbrado a no protestar por pura resignación al colapso, por convicción de la inutilidad de quejarnos, por certidumbre estoica de que de cualquier modo nadie nos va a hacer caso.
IGNACIO CAMACHO - ABC (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
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