Soy un mal catalán
Algunos de ellos no disponen ni tan solo de agua corriente. Ni sus progenitores de cuenta corriente. Sus viviendas son chabolas edificadas verticalmente y ascienden hacia el cielo de la pobreza. A esos niños y a esas niñas que se pasan los inviernos sin calefacción les enseñamos a hablar y a escribir en catalán. Esa es mi profesión. Pero sin embargo soy un mal catalán.
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