Kant y la tolerancia
Kant y la tolerancia
El filósofo Inmanuel Kant llamaba a la tolerancia “sustantivo pretencioso”. El mismo filósofo que abogaba por un “Estado libre”, por una sociedad de individuos autónomos cuyo antagonismo no solo no era prueba de mala convivencia sino de diversidad y libertad, tacha a la tolerancia como “sustantivo pretencioso”. ¿Cómo podemos entender esta diatriba del profesor de Königsberg?
Vayamos a ver lo que señala el psicólogo funcionalista William James. Para James, “el espíritu de tolerancia íntima” es la gloria del empirismo y aquello que permite respetar lo más delicado y precioso que tenemos, la libertad mental. Sin este espíritu de tolerancia íntima, la tolerancia se torna desalmada, puramente exterior, puramente una pose falsa.
Es este espíritu de tolerancia íntima el que hay que reivindicar y poner siempre en práctica. No la tolerancia desalmada, no ese sustantivo pretencioso que Kant rechaza con razón cuando se trata de una simple postura sin sustancia ni verdad. Toleramos lo que nos disgusta, toleramos lo diferente, toleramos lo otro, pero no perdonamos la vida desde una posición de superioridad.
La alegría es la virtud privada y personal por excelencia. En esto casi todos los filósofos están de acuerdo. Hay más desacuerdo respecto de cuál sea la virtud interpersonal, pública, por antonomasia. Algunos dicen que se trata del respeto, pero yo abogo siempre por la tolerancia. Por este espíritu de tolerancia íntima que es la gloria de la convivencia civilizada.
JOAQUÍN BROTONS (COLABORACIÓN)








