Octubre
Algunos catalanes de mi tiempo consideramos que el nacionalismo es una idea maligna, que debe ser combatida. Nunca tuvimos el apoyo real de ningún gobierno de España. Solo un presidente, Felipe González, supo ver (Toledo, 1984) hasta qué punto una versión específica de ese nacionalismo era el auténtico peligro de la democracia española. Pero su agudeza no merece premio, porque vino seguida de la pasividad.
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