Una historia cotidiana

25 - 10 - 2017 / RAUL MORLANS - FACEBOOK

Una historia cotidiana

Esta es una de las historias cotidianas que a muchos ni importará, pero que explica de forma atroz en lo que está quedando esta ex-tierra de prosperidad llamada Catalunya y que a uno lo dejan abatido.

Como algunos sabréis, me dedico al diseño de interiores y a las reformas, diseñar un espacio para luego construirlo/transformarlo y entregar el resultado final acabado al cliente. Entre otras tareas, una vez acabado el piso, si el cliente lo desea, incluso le ayudo a amueblarlo, decorarlo y lo necesario para que el trabajo final resulte “mas acabado si cabe”.

Hace recientes fechas, terminé una reforma de un piso en Barcelona y me dispuse a ayudar al cliente en la fase de amueblado. Para ello me dirigí a una empresa de fabricación de muebles de larga tradición, 83 años de vida, ADN catalán de varias generaciones, solera, prestigio, alta calidad de fabricación, etc. Realice el pedido, su correspondiente pago por los muebles y con mucha ilusión esperaba recibirlos en estas fechas. Hoy recibo una llamada de una persona de rango en la empresa, que tiene la atención de llamarme, su tono serio desde el inicio, algo sucede y me percato enseguida, no es su tono vital y alegre de siempre:

- Raúl, hemos cerrado la empresa, ayer existíamos y hoy no existimos. Me siento profundamente avergonzado, te llamo para dar la cara y explicártelo, se que tienes un pedido pagado con nosotros, pero hoy hemos ido a trabajar y la empresa está cerrada. Los clientes del resto de España nos ha dado la espalda y ya no nos compran, (profundamente apesadumbrado), tan solo algún cliente vasco que por algún tipo de afinidad, ya sabes, aún le da igual todo esto. Los inversores extranjeros también nos han dado la espalda y no quieren inyectar inversión en una tierra de profunda inestabilidad. Lo siento Raúl.

El chico estaba roto; su empresa, su vida, su cliente (yo), su puesto de trabajo, su futuro, todo fagocitado por la deriva y las pulsiones patrióticas de unos irresponsables que nunca pagarán suficiente por lo que están haciendo. Y yo, dolido y abatido con el, pierdo un dinero con casi total seguridad, aunque soy de esta rara avis, que cree que de las cuestiones económicas, de una manera u otra se sale, mi clienta no tiene culpa y se asumirá lo que se tenga que asumir. Pero no, no es el dinero lo que me lleva hasta aquí, sino la profunda tristeza, de una región que desde hace décadas, no había que ser un lince para darse cuenta, con mayor o menor intensidad dedica sus esfuerzos y recursos a la doctrina de la destrucción y la miseria, el NACIONALISMO. Mañana de nuevo saldrá el sol, pero alumbrará a unas cuantas familias menos, el desgaste y la fractura de todo esto es ya demasiado profundo. SOS.