No era tan listo
Ese fugitivo de la furgona, Puigdemont, ya había emitido señales inequívocas de desequilibrio emocional desde mucho antes de transitar de incógnito por su primera frontera. Y no una o un par, sino todo un surtido carrusel. Acaso de ahí la rendida incondicional devoción que le profesan los suyos.
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