¿Quién llora más?
Cualquier hombre ha de desconfiar de sus lágrimas, sobre todo si se vierten en público. Las de Turull, exhibidas con gran generosidad en todos los medios el día de su ingreso en la cárcel por los gravísimos delitos contra la democracia que supuestamente ha cometido, son canónicas: más eficaz es una lágrima que cien escritos de defensa.
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