¿Pero qué se creían los rebeldes?
La estupefacción de los líderes de la rebelión secesionista ante lo sucedido anteayer en Barcelona -la normal acción del Estado para reponer la legalidad en Cataluña- muestra de forma irrefutable que Puigdemont y su vicepresidente creían a pies juntillas no solo que iban a salirse con la suya, sino, también, que nadie se atrevería a parar el golpe de Estado impulsado desde la Generalitat con el apoyo de los matones de la CUP.
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