En los confines de la desesperación

23 - 03 - 2019 / DEL FACEBOOK DE FÉLIX OVEJERO

En los confines de la desesperación

De un amigo que prefiere no dar a conocer su nombre.

Muchos de vosotros lo conocéis.

Los que no, en cuanto hayáis leído su texto, comprenderéis por qué guarda el anonimato.

Que dice el Gobierno que neutralidad en edificios públicos, sí, pero solo durante las campañas electorales. De verdad, ¿alguien cree que a los catalanes no nacionalistas pueda haber algo que nos aterre más que la posibilidad de que este Ejecutivo gobierne cuatro años más, abandonándonos al gangsterismo de estos que se mean en la cara del Estado un día sí y otro también? ¿Alguien en el PSOE se ha planteado cuál debe ser nuestra situación si los que mandan aquí se atreven a desafiar de ese modo al Estado de Derecho, que tiene todas las herramientas coercitivas para aplicar la Ley?

Miren: ayer, por ejemplo, un compañero de trabajo que publica sus opiniones en Facebook en abierto escribió un estado en el que criticaba la actitud de los abogados defensores y tuvo que soportar que le dijeran que lo tenían por alguien más inteligente y mejor persona; en otra ocasión le dijeron que cómo podía ser que diera clase en un instituto; otra vez un tipo le conminó a que, si tenía agallas, le repitiera a la cara lo que acababa de afirmar cuando él volviera al pueblo. Y todo esto se lo dice gente a la que conoce, gente con la que incluso se ha tomado cervezas. Hoy me ha confesado que su madre casi le ha suplicado que no publique nada en Facebook y que se guarde mucho de hacer comentarios en el instituto. Él le ha dicho que por ahí no pasa, pero yo casi he podido palpar la densa y amarga preocupación de su madre, ya mayor y que vive sola a ciento y pico kilómetros de aquí.

Fíjense: yo hace mucho tiempo que limito el alcance de mis publicaciones; yo confieso que no me atrevo a publicar la recopilación de las crónicas que he ido publicando por aquí porque sé que mi vida, y quizás la de mis hijos y mi mujer, se convertiría en un hostigamiento permanente; confieso que esa es una de las razones por las que me quiero ir de Cataluña: poder hablar con libertad, sin miedo a las represalias, poder publicar todo ese material que tengo sin tener que calibrar las consecuencias. Nos dicen que exageramos. No solo eso: se burlan de nuestro relato, con ese asqueroso aire supremacista, intentan ridiculizarnos como han intentado ridiculizar a Millo por contar lo del Fairy o a la secretaria judicial por decir que tenía miedo, como ayer mismo uno de los abogados intentó ridiculizar a un guardia civil preguntándole qué entendía él por una “cara de odio”.

Y Vox podrá ser basura populista, no lo niego. Pero aquí hay un verdadero fascismo larvado (¿a qué si no esa protesta permanente de los abogados de la defensa por que los testigos no quieran mostrar su rostro?). Qué digo larvado. Un fascismo naturalizado, que es mucho peor, porque es todavía mucho más indetectable, se confunde con el propio paisaje, con el propio aire que respiramos (por ejemplo: decía el otro día el de la CUP que no tenían que condenar los ataques de Arran a las sedes del PP y Ciudadanos porque eran una organización autónoma). De verdad, la sensación de impotencia y frustración es absolutamente ilimitada, inabarcable, indefinible, cuando uno comprueba que hay un partido en el Gobierno, un partido que puede ganar de nuevo las elecciones, que está dispuesto a consentir el choteo y el matonismo de un poder local que tiene todos los medios a su alcance para silenciar y hostigar a los disidentes. No hay escapatoria, joder.

Ayer decía que quizás la solución a la polarización pasara por un pacto entre el PSOE, el PP y Ciudadanos, pero yo con el PSOE, después de lo de hoy, pierdo absolutamente mi esperanza. Siento que sea así. Lo siento de verdad. Y añado: me da pavor pensar en que puedan volver a gobernar, abandonándonos a nuestra suerte. Imaginan ustedes en qué estado voy a ir yo mañana a Gerona a presentar la renuncia al concurso de traslados porque ahora no podemos irnos, lamentablemente, no podemos. Imagínenselo. Imaginen todo esto. Imaginen nuestra impotencia, nuestra sensación de desamparo, aunque los supremacistas intenten ridiculizarlo, ridiculizarnos. Sí: imagínenselo por un momento.

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