Ens jutgen a tots. Nos juzgan a todos ¡A mí no!
Extraña irrealidad en la que vive sumida Cataluña. Esa invasión del espacio público se convierte en insoportable en las zonas rurales. Es una presión en la vida cotidiana que está rompiendo la convivencia. En la gran ciudad es más llevadero, llegas a ignorar la presencia procesista como un mal olor interiorizado.
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