David contra Goliat

22 - 05 - 2017 / JUAN ARZA - LA RAZÓN

David contra Goliat

Al nacionalismo catalán le gusta presentarse como la ló­gica y comprensible reacción defensiva de un pueblo que quiere preservar su cultura, su libertad y sus ancestrales ins­tituciones. La pequeña pero admirable nación catalana se defiende de un enemigo po­deroso y agresivo, un ogro de leyenda negra llamado “Espa­ña". Este relato es el que de forma más o menos sutil se enseña en las escuelas y se difunde socialmente a través de todo tipo de actividades. Constituye también el marco con el que los medios públicos y concertados interpretan la actualidad. Que los trenes lle­guen tarde, que se formen colas en el aeropuerto o que Hacienda persiga los tejema­nejes fiscales de los jugadores culés son demostraciones in­discutibles de que el imperia­lismo español sigue intentan­do someter a los catalanes.

El victimismo nacionalista no se compadece con los he­chos. ¿Cómo pueden quejarse de persecución a la lengua catalana, cuando es la única permitida en la enseñanza? ¿Cómo pueden quejarse de ahogo financiero, cuando son los autores del sistema de fi­nanciación? ¿Cómo pueden quejarse de falta de autono­mía, si la Generalitat gestiona el mayor porcentaje de gasto de todas las administracio­nes?

Una sociedad española acomplejada por su pasado ha estado durante años indefen­sa ante la influencia del relato nacionalista. El nacionalismo catalán ha gozado de un inmerecido respeto. El apoyo elec­toral de una parte de los cata­lanes le ha bastado para ejercer un poder omnímodo en Cata­luña y, además, para chanta­jear al Estado. Los catalanes que nos oponemos al nacio­nalismo hemos sido tratados como ciudadanos de segunda por la Generalitat y hemos sido ignorados o menospre­ciados por los gobiernos espa­ñoles. Se nos silencia, se nos persigue y se nos estigmatiza. El nacionalismo catalán es el verdadero Goliat de esta historia, y nosotros somos quienes sin apenas recursos tenemos que valernos del ingenio para plantar cara.