Hoy se cumplen cien años del nacimiento de John Rawls
Liberté, Egalité, Rawlsité
«La desigualdad condicionada que Rawls justifica no atiende sólo a razones de eficiencia sino que también, quizá principalmente, al ideal de la libertad personal»
PABLO DE LORA - THE OBJECTIVE
2021-02-20
Cien años de soledad
Hoy se cumplen cien años del nacimiento de John Rawls. De su lúcida obra solo extraeré tres ideas que me parecen especialmente oportunas para nuestro presente:
1) El defendió un «velo de la ignorancia» a la hora de elegir las normas y principios que deben regir una sociedad: serían justas aquellas reglas que las personas libres y racionales aceptarían en una posición inicial en la cual nadie supiera qué lugar habría de corresponderle en la sociedad, ni cuáles serían sus ventajas o desventajas. De esta forma se elaborarían las normas más universalizables, sin establecer discriminación o perjuicio para nadie, ya que podríamos ser nosotros los destinatarios.
Vayamos a nuestro país. Piensen en la cuestión de la libertad de expresión tan apasionadamente debatida (y no solo ni sobre todo) en nuestros días. Las normas elegidas para regir nuestra convivencia se establecerían sin conocer su contenido concreto, ni quién las expresa ni contra quién las expresa. El mismo procedimiento se arbitraría a la hora de determinar qué límites tendría un Gobierno —sin saber qué partidos estarían en él— respecto al CGPJ, a la Fiscalía y Abogacías del Estado, control de RTVE, medios de comunicación, clientelismos... Y así sucesivamente en los demás temas. ¿Cuántas cosas cambiarían (aunque quizás fuera más oportuno preguntar cuántas permanecerían igual)?
2) El poder político no debe encarnar ni imponer ninguna concepción acerca de la vida buena. Las controversias que surjan han de resolverse recurriendo a razones y argumentos universales, es decir, que no dependan de dichas concepciones particulares.
Llevar esto a la práctica supondría la derogación inmediata, por falta total de contenido, de centenares de miles de concejalías, direcciones generales, consejerías… y ministerios.
Así, el neo-monjismo feminista —que, en absoluto, sería el único ámbito afectado—prescribe cómo ha de ser el comportamiento sexual (esta misma semana leía en una publicación feminista que se debía prohibir el uso de palabras sucias en la cama por ser signo de la más pura opresión heteropatriarcal, aunque ella las disfrutara), vestir con el color rosa opresor, prescribir la deconstrucción de determinadas masculinidades, entre un interminable tontietcétera.
3. La primacía de la equidad en las instituciones sociales: todos han de gozar de las mismas posibilidades. Para ello es indispensable un reparto desigual, es decir, que haya más y mejores medios —colegios, bibliotecas, centros sanitarios…— para los socialmente menos afortunados. En otras palabras, combatir toda desigualdad que tenga un origen social. Eso no implica, sino que más bien excluye la imposición de una igualdad uniforme y artificial, que no sería sino un instrumento del resentimiento (como decía Nietzsche) y un fomento de la mediocridad (o de algo peor). La palabra que designa lo que Rawls defiende es meritocracia, no en el sentido mutilado que nos quieren hacer ver sus detractores ni tampoco no pocos de los que se declaran sus defensores, sino de manera congruente y plena: que cada uno acceda al lugar social que le corresponde según su mérito (talento y esfuerzo), sin que suponga el menor impedimento el lugar de nacimiento, la familia o cualquier otro elemento contextual.
Para terminar, John Rawls fue atacado por los liberales, que lo consideraban muy socialdemócrata, y por los socialdemócratas, al considerarlo muy liberal. En España, más bien merecería, por parte de unos, el apelativo de «facha», y por parte de otros, la ignorancia y/o la indiferencia. Quizás desde ahí se entienda por qué, al traerlo a la actualidad de nuestro país, los cien años de su nacimiento deban ser nombrados como cien años de soledad. Y sin perspectiva de acabar.
CARLOS RODRÍGUEZ ESTACIO - FACEBOOK
2021-02-21








