Nuestra pasión según Sánchez
Nuestra pasión según Sánchez
Yo estaba deseando equivocarme. Estaba deseando que del interior de Pedro Sánchez la pandemia extrajera un pedacito insospechado de Adolfo Suárez. Y que sobre ese pedacito, a falta de mayor estatura, se pudiera edificar no unos Pactos de La Moncloa, que solo son el indicio retórico de que Iván Redondo ha cambiado El ala oeste por Cuéntame, sino al menos un proyecto de ley compartido, una legislación de emergencia que prepare mejor a España para sobrevivir a la devastación económica que está a punto de conocer.
Pero un perro loco no es un oso amoroso ni lo puede ser. Todo lo que ha conseguido Sánchez en su vida política se lo debe al sectarismo. La dimisión antes que abstenerse ante Rajoy, el sometimiento antes que la magnanimidad con el susanismo, la genuflexión ante Torra antes que romper el cordón sanitario a la derecha, el abrazo al neocomunismo antes que el acercamiento al centro. Y en estas llegó el Covid-19. Y yo pensé que adonde no lo impulsaba la virtud podría empujarle la peor tragedia nacional desde la Guerra Civil. Y me senté a ver el debate con una nube de esperanza. Pues bien. Ya sé que tampoco 50.000 muertos y siete millones de parados serán suficientes para cambiar a Sánchez. Vista la intervención de esa neófita en lecturas y catedrática en odios de la que Javier Fernández tan justificadamente se avergüenza hoy, ya podemos ir concluyendo que no solo nos iremos al carajo, sino que durante la debacle todas las energías del Gobierno se concentrarán en machacar a la oposición. El alacrán solo quiere picar a la rana que le vadea el río, aunque nos hundamos todos.
"¿Qué quiere de nosotros?", le preguntó Casado después de anunciarle su voto afirmativo, con el rostro marcado por la reciente metralla de Lastra. Yo te lo explico, Pablo: quiere que su desprecio os vuelva imposible el apoyo para correr a señalaros como los culpables del hundimiento en cuanto se lo retiréis. Quiere que los bloques se mantengan incólumes, porque el sentido de su estúpida carrera depende de que perduren el ruido y la furia, la propaganda de los buenos y los malos, la zona de confort de tu trinchera y de la mía. Por eso demuestra inteligencia Edmundo Bal tendiéndole la mano que no quiere estrechar. Porque a un tipo como Sánchez solo le derrota que le perdonen. Si el PP prescindiera del retrovisor en el que se le aparece cada mañana la barba de Abascal, dejaría a Sánchez sin argumentos asfixiándolo de amor. Aunque entiendo la repugnancia.
La pasión que hoy celebramos no durará una semana sino meses o años. No empezó en 2020 sino el día en que dimos las instituciones por supuestas y declaramos superfluo el respeto al adversario. Estamos exactamente donde nos han traído nuestros gobernantes, desde el revisionismo vengativo de Zapatero hasta la cachaza cegata de Rajoy. En ese solar sembró Podemos y su mejor plagiario se coronó rey del guerracivilismo. No ha sabido hacer todavía unos presupuestos pero ha sacado a Franco de su tumba, hoy sabemos que por pura envidia. Su final será inevitable, pero de ningún modo noble.
Españoles: os espera el calvario. Y no se ve venir el día de la resurrección.








