Márchese el juez Llarena a vivir en un cuartel de la GuardiaCivil
¿Dónde estaba el Estado? ¿Quién acudió a aliviar la soledad de Llarena? Ni siquiera lo hizo ese ministro que fue juez, que sirvió como tal contra el terrorismo en condiciones de peligro personal, y que ahora se ha convertido en el ejemplo vivo de cuán desertores de sí mismos hacen a los hombres los contratos fáusticos de la política.
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