Todo empezó con la tesis doctoral
Hoy Pedro Sánchez es presidente del Gobierno, y acaba de anunciar la creación de un ‘fondo soberano’ para impulsar el crecimiento y la transformación de la economía española. Todo ello, sin siquiera intentar la aprobación de los Presupuestos Generales, la ley anual más importante de cualquier legislatura. Más allá de que tenga visos de convertirse en el primer presidente del Gobierno incapaz de aprobar unas cuentas públicas en cuatro años de legislatura, una anomalía que nuestro sistema consiente de forma inexplicable, el fondo soberano tiene un solo objetivo: articular la fórmula jurídica —legal y legítima, por otro lado— que le permita intervenir en consejos de administración de multinacionales, tomar sillones en grandes empresas estratégicas, y un control total de su actividad desde La Moncloa. Poner y quitar peones. Influir. Decidir. Y cobrar. Y todo ello, con 10.500 millones de fondos europeos que no habría podido ejecutar ni justificar de ningún otro modo.
La maniobra es sencilla. Bajo un instrumento de ingeniería económica, Sánchez pretende multiplicar su intervencionismo en las finanzas españolas a través del ICO, como una suerte de SEPI ‘bis’, bajo la respetable carátula de un ‘fondo soberano’ y la ejemplaridad de Noruega como antecedente. Habrá que esperar a conocer la letra pequeña de semejante anuncio para conocer si realmente se constituirá de un modo idéntico al de Noruega, cuyo ‘fondo soberano’ está sometido a mil controles, funciona bajo unas estrictas normas de gobernanza y, naturalmente, con absoluta transparencia. Y esos son conceptos que al sanchismo les suelen chirriar. Como que no. No es la transparencia lo que avala precisamente la trayectoria de Sánchez. Pero ahí está el innovador… con su tesis ‘Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012)’.
MANUEL MARÍN - VOZPÓPULI
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