Universidad perdida y rota
Esta semana cerraba por última vez el despacho de la universidad a la que he dedicado treinta y seis años. Hace unas semanas tuve amenazas por las paredes (faxista, sionista, machista, tránsfobo), pero esta vez solo recibí silencio del ahora erial humano e intelectual. No suena alegre, pero me voy contento: no recibir premios ni homenajes es, en el País Vasco actual, un buen reconocimiento
CARLOS MARTÍNEZ GORRIARAN - VOZPÓPULI
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