Huele a podrido
Los que pasamos varios años de nuestra vida soportando la dictadura sabemos distinguir sin necesidad de las doctas enseñanzas de Barrio Sésamo la diferencia que existe entre “estar dentro y estar fuera” a poco que pisamos los adoquines de la calle. Sabemos distinguir lo que es una amnistía de verdad y una falsa, porque se nos aplicó la de verdad, aquella que votó el 92 por ciento de los diputados, sólo dos votos en contra, y uno lo hizo porque no se aplicaba a los militares de la UMD. Pero, sobre todo, salimos de las cuatro paredes con un desarrollado sentido del olfato pues sin necesidad de preguntar encontramos el “tigre” en cualquier lugar, u olfateamos con bastante precisión cuándo van a aparecer por la puerta, y no va a ser precisamente el lechero. Por eso, ante la pasividad general o las arengas perfumadas del populismo izquierdista olemos la dictadura. ¿No os dais cuenta que volvemos a lo de antes? Quizás tampoco os disteis cuenta antes.
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