Así muere la democracia
La polarización no es nueva, pero sí lo es su creciente grado de toxicidad que pone en riesgo la salud y la calidad del debate público.
En una época que glorifica el extremismo, ser moderado y procurar ser ecuánime –que no equidistante– resulta sospechoso. Aquí lo que da réditos es la furia, la espuma por la boca y los ojos inyectados en sangre. Vivimos tiempos feroces y fanatizados, en los que la palabra se emplea como arma arrojadiza y el debate deviene en batalla campal. Tiempos de juicios morales sumarísimos en los que conviene estar alineado y al mismo tiempo la significación ideológica funciona como una ruleta rusa que empieza a cobrarse sus primeras víctimas
AMAIA FANO - EL CORREO (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
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