España en crisis
Mientras la crisis no se reconozca como crisis, Sánchez tiene salidas. Si se la nombra y se la enfrenta, no. Por eso convierte lo personal en político, lo político en institucional y lo institucional en internacional. Técnicamente el relato se despide de España. Lo más lejos posible. A cualquier precio. Escala, siempre escala. Igual que Putin, igual que Xi Jinping, igual que Maduro. Para los autócratas, huir hacia adelante es la única dirección posible. Si España no estuviera en medio de debates internacionales fabricados a medida —como la flotilla de Gaza auspiciada por la Generalitat, el antisemitismo de nuevo cuño promovido desde La Moncloa celebrando el aborto de la vuelta ciclística de España, o la alineación con regímenes latinoamericanos decadentes—, sus problemas judiciales serían la noticia del día
CARLOS SOUTO - VOZPÓPULI
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