No saben hacer la o con un canuto
La peligrosa chapuza ministerial con las pulseras que protegen a las mujeres amenazadas se suma a otros éxitos de un Gobierno que ni asfalta las carreteras. Una vez más, el despropósito comenzó en la jovial etapa en que Irene Montero y sus coleguis convirtieron el Ministerio de Igualdad en una especie de loquilandia, un centro de promoción de la homosexualidad y los delirios “de género”, odio a los hombres y viajes de cuchipandi en el Falcon. La hacendada de Galapagar cambió en su día la concesionaria privada que gestionaba las pulseras. Pero lo hizo sin tener en cuenta que en el concurso la firma elegida por ella había sido puntuada como “deficiente” en lo referente al plan de transición (es decir, que podían producirse fallos severos del servicio en el periodo de cambio de compañía).
El asunto ha saltado a la luz porque lo ha recogido la Memoria de la Fiscalía, que reconoce además que el año pasado hubo varias absoluciones de maltratadores porque no funcionaban las pulseras que podía probar el incumplimiento del alejamiento. La nueva ministra de Igualdad, que es del PSOE, por supuesto ha restado toda importancia al asunto. No pasa na. Todo ok. Una anecdotilla exagerada por la diabólica fachosfera.
Una vez más se repite un patrón conocido: tenemos un Gobierno de aficionados y aficionadas, que cuando tienen que lidiar con cuestiones concretas del mundo real no saben hacer la o con un canuto.
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