Víctimas, virtud y perversión moral
Lo he repetido aquí en otras ocasiones: las víctimas siempre lo son en singular. Lo son tanto Ariel como Muhammad, ya sea en Níger, Congo o Venezuela. Y sus voces siempre vienen de otra orilla para recordarnos que el otro es alguien que no puede ser manipulado, sobre todo en el dolor y en el sufrimiento. Las víctimas son indisponibles, por mucho que se las quiera utilizar en los conflictos propios. No sirven para señalar nuestra falsa virtud. Esto es peor que abandonarlas porque no deja de ser una peligrosa perversión moral.
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