Ozores actualizado
Quizá es que esos tipos que encarnaban Landa, Pajares y Esteso, o el Torrente de Segura, nunca desaparecieron de un paisaje sociológico que considerábamos de otro tiempo. Entre los calzoncillos de Roldán, los volquetes de putas de los ‘púnicos’ madrileños, los locales andaluces de alterne pagados con tarjetas oficiales de crédito o los catálogos de ‘escorts’ de Ábalos hay un hilo directo que demuestra la pervivencia de una variante mostrenca del género picaresco encastrada en las instituciones con carácter perpetuo. Bajo el fulgor de la posmodernidad digital y el progreso de la igualdad de géneros sigue latiendo una pulsión castiza de sobornos en especie carnal, derechos de pernada y visitas a locales de luces rojas a cargo de fondos para el empleo. Corruptelas derivadas de una voluntad de desclasamiento a través del poder como medio de acceso fácil al sexo o a un tren de vida de lujo cateto. A los bingueros de hoy les toca el premio del aforamiento.
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