Ser Europa... o no ser
Ser Europa... o no ser
CANDIDATA AL PARLAMENTO EUROPEO POR CIUDADANOS
Somos fuertes. Hemos hecho frente a muchos problemas en estos cinco años, pero el juego político mundial está complicado. Analizar el ecosistema mundial en el que vivimos resulta imprescindible a la hora de decidir qué rumbo van a tomar nuestros países.
Si tuviera que elegir cómo explicar esto diría que los signos distintivos de este tiempo son la globalización, la revolución tecnológica y el lugar de la UE entre China, Estados Unidos y la Rusia de Putin. La seguridad y defensa están relacionadas con todo esto, claro. La Unión Europea es el gigante comercial del mundo, pero no es un gigante tecnológico ni político a nivel mundial. Y eso es lo que hay que solventar, ese desequilibrio. De hecho, entre las primeras veinte empresas tecnológicas, China empieza a pisar claramente los talones a Estados Unidos, pero Europa no está entre ellas. Lamentable, porque la de la inteligencia artificial será la gran batalla que va a definir la riqueza de las naciones del futuro, pero también la libertad y los derechos fundamentales en muy poco tiempo.
El recrudecimiento de la guerra comercial entre China y Estados Unidos resulta, por eso, especialmente preocupante. En esta circunstancia necesitamos estar más unidos y resolver las grandes cuestiones estratégicas reforzando nuestras instituciones, porque la mayor amenaza que tenemos los europeos es interna e invisible, viralizada a través de las redes sociales. Sufrimos de irracionalidad. Crecen los sesgos mentales y los dogmatismos, los ultranacionalismos, los populismos que venden el paraíso en la Tierra como si hubiera soluciones mágicas a los problemas reales que debemos resolver.
Las instituciones europeas deben reformarse para ser ágiles, y legislar solo sobre lo necesario, regulando especialmente el espacio digital y, en él, nuestros intereses y derechos, eliminando las fronteras que nos quitan oportunidades de vida o de negocio. Pero los Estados miembros no deben sacudirse la responsabilidad de las decisiones que ellos toman en Bruselas. Es un truco -el de echar la culpa a Bruselas- que afecta a la legitimidad general de las instituciones y sabemos, lo sabemos, que los tiempos exigen soluciones comunes, que son más eficaces y baratas, a problemas transnacionales y afrontarlas y contar la verdad. Eso es liderar.
Quien le hable de la patria como en el siglo XIX, o le miente o no tiene ni idea de los problemas reales. Quien dice que es europeísta pero piensa ir al Parlamento a manchar la reputación democrática de nuestro país, no es europeísta, que quede claro, porque debilitar a España supone debilitar al conjunto de la Unión Europea.
La Unión es el gran regalo de nuestros mayores. Tiene tanto valor como hace setenta años, o todavía más, porque sin este espacio de políticas compartidas estaríamos a la deriva, a la intemperie...








