En nombre de la Constitución
¿La Constitución española de 1978 diseña una arquitectura institucional de los poderes estructurales del Estado, es decir, del poder legislativo, del poder ejecutivo y del poder judicial, equilibrada y acorde con el sistema de pesos y contrapesos que caracteriza al Estado constitucional capaz de resistir la prueba del tiempo en un contexto global de regresión y declive de las democracias?
En nombre de la Constitución, para impedir eventuales escenarios de regresión de nuestra democracia constitucional, la respuesta debe ser más Constitución, más y mejor regulación y desarrollo constitucional, más imperio efectivo del Estado social y democrático de Derecho, si queremos abordar el futuro democrático de España con optimismo y esperanza
JOSÉ MANUEL BANDRÉS SÁNCHEZ-CRUZAT - EL PAÍS (VÍA ALMENDRÓN)
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