Escribir torcido en renglones derechos
Una sociedad dinámica y abierta tiene que regularizar inmigrantes, siempre que demuestren cierto arraigo. Es justo y necesario. En España lo han pedido miles de ciudadanos a través de la iniciativa legislativa popular apoyada por la Iglesia y por los empresarios, que son los que conocen el mercado de trabajo y son conscientes de la dificultad real para cubrir empleos poco gratos o de salarios bajos. Lo que hay que analizar son las condiciones, el momento y el número, es decir, cómo, cuándo y cuántos. Y llegado el caso, instrumentar la regularización por el correspondiente procedimiento parlamentario, que implica discusión, enmiendas, negociación, diálogo; esas cosas, en fin, propias de los procesos de toma de decisiones relevantes en los sistemas democráticos.
Hacerlo por real decreto, que no necesita convalidación porque es una reforma de reglamento, demuestra en primer lugar la falta de confianza del Gobierno en el apoyo del Congreso. Pero en segundo término revela que la intención real no es la de solucionar un problema sino promoverlo
IGNACIO CAMACHO - ABC (VÍA FUNDACIÓN PARA LA LIBERTAD)
2026-04-16
El coste de hacer lo correcto
El Gobierno ha aprobado la regularización extraordinaria de inmigrantes. Este niño podrá acogerse a ella, y eso es una buena noticia. La medida se ha presentado, tras el consabido gesto epistolar presidencial, como una inversión: cada persona regularizada, se nos dice, aportará miles de euros al año a las arcas públicas. Hacer lo correcto, además, «sale a cuenta». Y, sin embargo, hay algo en ese argumento que chirría. No porque la medida sea equivocada en las circunstancias actuales (no lo es), sino porque no hace falta forzar los argumentos para defenderla. Hacer lo correcto no siempre coincide con lo más conveniente, pero parece que no podemos aguantar esa disonancia y necesitamos que nos la envuelvan en un relato fácilmente digerible.
BIANCA THOILLIEZ - ABC
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