Europa contra la yihad, la batalla policial más difícil

08 - 01 - 2017 / ROGELIO ALONSO - ABC

Combatir el terrorismo exige ingentes recursos, mecanismos efectivos para compartir la inteligencia y cambios legales

Europa contra la yihad, la batalla policial más difícil

Como ha ocurrido en otros aten­tados terroristas recientes, tras el último perpetrado en Ber­lín de nuevo se ha criticado a la Policía, repitiéndose que el sospe­choso también estuvo bajo vigilancia. Cuando el terror golpea es recurrente que se tome a los servicios de inteli­gencia e información como «chivo ex­piatorio» en una suerte de búsqueda de responsables que apacigüe a socie­dades necesitadas de seguridad ante una amenaza previsible en su deter­minación de atentar, pero imprevisi­ble sobre el lugar y el método exacto.

También suele denunciarse la falta de cooperación entre policías euro­peas, induciendo en ocasiones a con­fundir al único culpable del atentado, el terrorista con quienes intentan evi­tarlo. Cuando esto sucede suelen su­bestimarse las enormes dificultades con las que estos servicios se topan al confrontar una compleja amenaza te­rrorista definida por su carácter mul­tiforme y transnacional. Por un lado, no son solo grupos terroristas como Daesh y Al Qaida los que nos amena­zan, sino también individuos inspira­dos en ellos, algunos autorradicaliza­dos, y células con distinto autorradicaliza­dos. y células con distintos grados de vinculación con aquellos. La transnacionalidad del fenómeno acrecienta su complejidad, obligando a una coordinación y cooperación nada sen­cilla entre agencias de seguridad na­cionales e internacionales.

Peligrosa «moda»

Además, el terrorismo yihadista se ha convertido en una peligrosa «moda» para un segmento de población que considera atractivo perpetrar brutales crímenes. En esas circunstancias no es sencillo impedir ataques sorpresa cuando precisamente el objetivo del terrorista es sorprender a sociedades abiertas que por su carácter democrático son vulnerables Por tanto, la materialización de atentados no es necesariamente consecuencia de fallos de inteligencia que, en ocasiones, también se producen.

La respuesta policial al terrorismo yihadista exige ingentes recursos humanos y materiales, anticipación, dinamismo, formación constante, mejoras tecnológicas. captación y tratamiento de fuentes humanas, coordinación, y estructuras que son susceptibles de mejora para sortear obstáculos en ocasiones determinantes en el éxito o fracaso de la acción contraterrorista. Pero también requiere sociedades y políti­cos concienciados y responsables.

Guerra de competencia

La inteligencia es un bien preciado difícil de compartir que solo debe intercambiarse si existen marcos normativos y operativos adecuados. En una Unión Europea que carece de una «unión» como tal en el ámbito de la seguridad, la cooperación en tan sensible cuestión es limitada, aunque no inexistente. En España las agencias de seguridad actúan en un contexto generador de competencia que en ocasiones perjudica la colaboración y favorece el solapamiento, lastrando así su eficacia. Lógico es, por tanto, que se reproduzcan esas constricciones en la cooperación internacional entre estados, pese a lo cual también se desarrollan eficaces operaciones conjuntas y de colaboración. Estos déficits estructurales solo podrían reducirse si realmente existiera una voluntad política guiada por el criterio técnico de los expertos que a diario se enfrentan al fenómeno.

Asimismo, debemos ser conscientes de los constre­ñimientos legales de sis­temas que algunos con­sideran excesivamente garantistas y otros, en cambio, represivos. Es sig­nificativo el creciente nú­mero de detenciones relacio­nadas con el terrorismo yihadista, pero también el de no condenas. España es uno de los países, junto con Reino Uni­do. con índices de absolución más elevados, lo que obliga a subrayar las dificultades para juzgar este tipo de delitos, con juicios orales que a veces des­cansan sobre pruebas indi­ciarías que requieren una mayor construcción. De manera incongruente algunos se escandalizan de que sospechosos de cometer atentados hayan sido objeto de vigilancia policial, mientras critican la prevención antiterrorista cuando se instruyen casos basados en pruebas indiciarias.

El profesional puede tener la convicción de que un individuo constituye un peligro potencial, pero si el periodo de investigación no coincide con la actividad delictiva no dispondrá de autorización judicial para prolongar eternamente su investigación. En otras ocasiones se obtiene inteligencia sobre individuos con ideas radicales, aparentemente dispuestos a cometer actos terroristas, pero se carece de pruebas de cargo que evidencien de manera irrefutable que está ya involucrado en perpetrarlos.

Garantismo

Es materialmente imposible mantener bajo estrecha vigilancia a los centenares de personas que hoy expresan esos discursos radicales y que, en consecuencia, son susceptibles de pasar a la acción súbitamente si obtienen recursos que hoy se han simplificado al recurrirse a vehículos, cuchillos y otros medios diferentes a las tradicionales armas de fuego o explosivos. Los dispositivos de seguimiento reales nada tienen que ver con los del cine: se precisan inmensos recursos. En las investigaciones la existencia de una finalidad terrorista es susceptible de interpretación requiriendo siempre un control judicial, quedando todo ello determinado por premisas judiciales, y políticas, que están variando, aunque no al ritmo que exigen algunos profesionales. Hace unos meses el Tribunal Supremo resolvió que «la seguridad nacional» debía anteponerse a los derechos individuales de los sospechosos de islamismo radical al evaluarse solicitudes de nacionalidad, residencia o asilo.

Por fin. Policía. Guardia Civil y CNI obtenían respaldo para no hacer públicos detalles de sus investigaciones. «Dada la naturaleza de las investigaciones -prevención del terrorismo yihadista- difícilmente puede exigirse a dichos informes datos ampliatorios o una mayor concreción que no comprometan la actuación de prevención antiterrorista», afirmó el Supremo en una relevante sentencia cuestionada, sin embargo, por algunos.

También hay divergencias sobre el encriptamiento de aplicaciones de mensajería y el bloqueo con clave de teléfonos móviles que dificultan determinadas investigaciones y que llevan a expertos policiales y fiscales a concluir que la inviolabilidad de las comunicaciones no puede ser un derecho absoluto.

El triunfo o fracaso de una investigación depende en última instancia del factor humano. Son los seres humanos los que toman decisiones, los actores determinantes. Esas decisiones están condicionadas por múltiples variables. Optar por una Europa sin fronteras interiores y permeables desde el exterior condiciona el trabajo policial, así como la masiva llegada de inmigrantes que desbordan a la Policía alemana, o las trabas administrativas que impiden deportaciones necesarias por motivos de seguridad. También es relevante la politización de la inteligencia que afecta a la percepción del trabajo policial. Es frecuente escuchar a dirigentes políticos promocionar su gestión aludiendo al alto número de detenciones y a la ausencia de atentados desde 2004. Se ha llegado a decir que España lidera la lucha contra el yihadismo en Europa precisamente por ello. Peligrosa simplificación que mide la eficacia policial con indicadores que no son los únicos con los que esta debe evaluarse.

Podemos ser víctima de un atentado que, si se materializara, no debería mermar la confianza en la Policía como ahora se hace con la alemana. Hace tan solo unas semanas, Alemania prohibió un grupo salafista relacionado con Daesh gracias a las investigaciones. En junio, se desmanteló una célula que planeaba una masacre en Dusseldorf. En 2010 tuvo lugar un gran proceso judicial en el país contra otra célula acusada de planear asesinatos masivos. Nuestros servicios policiales pueden errar, pero la causa de un atentado no siempre está en el hipotético error de quienes evitan numerosos crímenes.

ROGELIO ALONSO ES DIRECTOR DEL MÁSTER EN ANÁLISIS Y PREVENCIÓN DEL TERRORISMO. URJC


Los yihadistas dejan de suicidarse para poder seguir matando

No todos los terroristas eligen perecer en sus actos criminales. Cada vez más de ellos, prefieren sobrevivir para repetirlos

Atentados recientes como el de Turquía confirman que el suicidio no es el único modus operandi en el repertorio yihadista. Por motivos diversos inmolarse es la preferencia de algunos, pero no de todos los terroristas inspirados en el fundamentalismo islámico. Sus consideraciones tácticas pueden llevarles a intentar sobrevivir para seguir asesinando para dejar el mayor número de muertes posibles, aunque tampoco descarten morir si son abatidos mientras perpetran sus atrocidades.

Una vez alcanzado el elevado grado de fanatización que supone el asesinato masivo de seres humanos, la lógica asesina es la que dicta la táctica y la estrategia. La muerte propia por la que algunos terroristas optan constituye, desde la perspectiva del fundamentalismo, una recompensa. También se acepta si contribuye a «ocultar secretos de los combatientes en la fe», en palabras del líder terrorista Mustafa Setmariam. Por tanto, el terrorismo suicida es una elección, tomada en un estadio de profunda radicalización, en la que influyen factores racionales, emocionales e ideológicos.

Las preferencias terroristas también están condicionadas por la oportunidad de acceder a determinadas armas y explosivos. El próspero tráfico ilegal ha favorecido la disponibilidad de armas automáticas como el Kalashnikov, proliferando su uso entre terroristas y otros criminales. Sorprende la facilidad con la que se puede disponer de un arma tan letal y que genera tanta fascinación. Al ser un arma de guerra, ayuda al terrorista a ver su crimen como un acto legítimo en la contienda que alega librar contra objetivos a los que deshumaniza descalificándolos como «infieles», «apóstatas» o «cruzados».

Hay yihadistas deslumbrados ante la capacidad bélica que proyecta, como muestran los últimos detenidos en España que posaron con un Kalashnikov, y que convenientemente rentabilizan a través de su propaganda distintos grupos terroristas, como ocurrió tras los atentados en Francia de 2015 en los que se utilizaron este tipo de fusiles. Tan variadas pautas de actuación terrorista añaden complejidad a la respuesta policial a la amenaza.