Francia está muerta
Lo que se supone que debe ser una ceremonia exaltadora de la fuerza, la belleza, la juventud, la elegancia, la potencia y el esfuerzo ha sido una sonrojante apología de la debilidad, la fealdad, la decadencia, lo degradante y lo monstruoso. Y por supuesto, nada que tuviera que ver con el deporte
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