Historia nacionalista
Historia nacionalista
....Cuando la izquierda compra y difunde la tesis de que la idea misma de España es reaccionaria, se entiende el reflejo inmediato de defenderla. Unos recuerdan que nuestra historia no es ni mejor ni peor que la de Francia, Italia o Inglaterra; otros, más entusiastas, hablan de pasadas glorias y de importantes aportaciones al acervo civilizatorio, algunas de ellas fuera de toda disputa. Y todos hacen un inventario de las mentiras empíricas y falacias argumentales del nacionalismo: nunca ha existido una ocupación, porque no cabe ocupación cuando no han existido entidades políticas genuinamente escindidas; no cabe inferir de supuestos hechos (“identidades compartidas”) discutibles derechos (a la autodeterminación, a la soberanía).
Se entiende. Pero esa defensa de España no escapa al marco mental del nacionalismo, a la tiranía del origen. Que su soporte empírico sea veraz no quita que pretenda –el imposible de—justificar nuestro marco de convivencia en la historia. Y nunca los hechos, sin más, sirven como fundamento normativo de nada. Que algo haya sido no es una razón para que deba seguir siendo.
No es la única estrategia de defensa. A mi parecer, cabe otra defensa de nuestra comunidad política más acorde con la nación de ciudadanos heredera de la revolución Francesa. España es el perímetro político más amplio de realización de los ideales de justicia, igualdad y democracia. Cualquier frontera es un límite a la realización de esos ideales. En ese sentido, es condenable levantarlas y defendible abolirlas en nombre de esos ideales, ampliar nuestra comunidad de ciudadanos. España resultainteresante no por lo que fue, sino por lo que es y, si fuera el caso, en nombre de los clásicos ideales, estaría justificado su desaparición como entidad política. ¿Y la identidad? Confieso mi reserva ante las grandes palabras, e “identidad española” es una de ellas. En todo caso, es innegable que la convivencia, el trato repetido, los trasiegos económicos y poblacionales, acaban llevándonos a reconocernos en ciertas coincidencias. Por las mismas razones por la que recalamos en un “buenos días” o un “Adiós”, porque facilitan los tratos, por una simple economía de coordinación.Equilibrios de Nash, que dicen en teoría de juegos: nos entendemos y salirse unilateralmente de las reglas no sale a cuenta. Como conducir por la derecha.Nada más –y nada menos—que un subproducto de lo que importa: la convivencia prolongada entre ciudadanos. Pero eso no es la meta, lo que hay que cultivar, sino lo que simplemente sucede mientras hacemos otras cosas, lo importante, la vida. No es un problema, porque no hay un problema en ser lo que siempre se acaba por ser. De momento, España.
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