Independentismo de baja intensidad
Como el órdago independentista de hace ocho años no salió según lo previsto, el lazismo parece haber optado últimamente por protestas relacionadas con la presunta lengua propia de Cataluña (donde el uso del castellano, por cierto, supera al del catalán, cosa que revienta sobremanera a los que, según propia confesión, aspiran a vivir las veinticuatro horas del día en catalán, pregonando así una cierta desevolución o, directamente, una involución de la realidad, siempre tan dañina para sus intereses)
La cosa consiste en quejarse estrepitosamente cada vez que alguien les pide que se pasen al castellano porque no les entienden. En ese momento, hierven de santa indignación, de divina impaciencia, y corren a chivarse a la Plataforma per la llengua, que improvisa ipso facto campañas de desprestigio e insultos contra quienes han tenido el descaro de no entender nuestra sagrada lengua
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