Joseba Arregi Aramburu

12 - 10 - 2020 / ANTONIO ROIG RIBÉ

Joseba Arregi Aramburu

Permítanme que les diga, de entrada, que Joseba Arregi Aramburu es una persona entrañable: próxima, sencilla y extremadamente afable. No sólo está lleno de vitalidad, entereza y serenidad, sino que es un hombre bueno, en el buen sentido de la palabra bueno, como dijo de sí mismo el gran Antonio Machado.

Pido disculpas de antemano por si puede parecer que el cariño que siento hacia él -imagino que ya evidente con lo dicho- me ciega, porque no es así. Ese afecto comenzó de un modo objetivo y distante, como reconocimiento por su inusual honestidad al dejar la primera línea del nacionalismo vasco en el momento en que le pareció su andadura incompatible con el respeto y el cuidado debido a las víctimas del terrorismo. Más tarde, cuando tuvimos la oportunidad de disfrutar de su compañía, pudimos constatar cómo, detrás de un brillante intelectual, latía un enorme y cálido corazón.

Pasó de ocupar puestos de responsabilidad en el PNV y el gobierno vasco a enfrentarse intelectual y políticamente a la línea del partido -como decía-, cuando sintió que ésta chocaba frontalmente con sus convicciones éticas. Entonces, se dio de baja del PNV y contribuyó a la fundación de la plataforma Aldaketa, que tenía por objetivo impulsar un cambio en la orientación de la política vasca. Ya sólo la integridad moral que denota este giro, le valdría de sobras el reconocimiento colectivo.

Él afirma que sus ideas han cambiado mucho a lo largo de su vida y que lo único que se mantiene intacto es su fe. Tuvo, ciertamente, una sólida formación religiosa que le llevó a ordenarse sacerdote. Después estudió Teología, Pedagogía y Sociología y, no sin penas y trabajos, entró con todos los honores en el cuerpo docente de la Universidad del País Vasco.

Dice que siempre ha sentido una gran admiración por Mario Onaindia, porque era una persona con una trayectoria vital rectilínea, orientada siempre por un solo principio: la libertad. Creo que algo parecido le ocurre al propio Joseba, solo que a él le mueven la Justicia, el Bien y la Verdad. Y es que ser una buena persona, no es sólo una cuestión de temperamento, algo genético, sino el resultado del ejercicio de la voluntad guiada por el entendimiento. Porque en la bondad debe incluirse necesariamente la rectitud, la dignidad y el amor a la verdad, entre otras virtudes que, todas ellas, sólo se hacen posibles con el esfuerzo continuado a lo largo de toda la vida.

Una gran avidez intelectual, unida a la fuerza de su concepción del compromiso moral, le llevaron a desarrollar una sólida carrera universitaria con numerosos trabajos que giran en torno al nacionalismo, la violencia, la estructura de las sociedades y la victimización. En defensa de las víctimas ha escrito mucho y muy bien y siempre ha tratado de hacerse eco de sus legítimas reivindicaciones y de amparar, en definitiva, a los desvalidos (eso debió ser lo que le llevo a acceder a encontrarse con los resistentes al nacionalismo en Barcelona).

Les recomiendo que le escuchen hablar sobre su biografía, sobre la cimentación de la democracia y sus límites, sobre las cuestiones candentes de la actualidad, sobre el origen y la legitimidad de la violencia, sobre… Vale la pena atender a una mente inquieta, extraordinariamente cultivada y muy bien documentada.

Dejo una perla para los resistentes catalanes. Afirma Joseba que las “nacionalidades históricas”, como se ha dado en llamarlas, prefirieron en su momento parasitar a España que hacer el costoso esfuerzo de construir sus propios estados. Por eso, su reivindicación de independencia está condenada al fracaso:

“Si el parásito mata al organismo en el que se anida, muere con él. Por eso, no llegarán nunca al punto final porque significaría su muerte. Dependen de España mucho más de lo que creen. Sin España quedan reducidos a la nada. Desde esa tranquilidad deberíamos ser capaces de recuperar tranquilamente nuestro discurso y no nadar siempre a rebufo, por seguimiento o por antinomia, de los nacionalistas, siguiendo nuestro camino con tranquilidad”.

Desde mi admiración y respeto, con todo afecto.

Antonio Roig Ribé, 12/10/2020