Jurar en arameo
Puigdemont estaba cagado. Lo sé porque tenía esa mirada vidriosa que se le ponía a mi hermano pequeño cuando perdía a la Play Station y estaba a punto de llorar. Game Over. Frente al vértigo de esa legalidad que se aproxima con gravedad plúmbea, el expresident le cascó a Europa su relato de represión y horrores para una noche de Halloween. Probó con el truco, pero no iba a haber trato.
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