La autoestima de la Transición
La autoestima de la Transición
Me resulta difícil polemizar con Joseba Eceolaza por su reciente artículo La autoestima de la democracia, ya que lo aprecio de forma sincera y lo admiro por su preocupación por las víctimas de ETA que plasmó en su magnífico libro ETA: la memoria de los detalles. Pero, como ya hemos hablado personalmente, esa admiración no es incompatible con una discrepancia profunda sobre otro tema que es la llamada "memoria histórica/democrática", que nos trajo Rodríguez Zapatero, quien a pesar de ser presidente de todos los españoles se autodefinió con orgullo como un "rojo". Un presidente que, mezclando dos temas absolutamente diferentes, le dijo a una víctima de ETA que la entendía muy bien porque a su abuelo lo fusilaron en la guerra civil. ¿Se imaginan a otro presidente diciéndonos que se considera con orgullo un franquista? ¿Se lo imaginan explicando a los familiares de los abogados laboralistas asesinados por la ultraderecha en 1977 en Madrid que los entiende porque su abuelo fue fusilado por el bando republicano? Es primordial recuperar e identificar los cuerpos en las cunetas. Nada que objetar.
Es necesario conocer las atrocidades cometidas por ambos bandos. Repito, por ambos bandos.
El problema llega cuando el bando ganador, durante los 40 años de dictadura, o los descendientes del perdedor, durante los últimos 40 años, se considera superior moralmente y libre de toda culpa. Ahí radica la trampa de una parte de esa pseudo memoria, ya que pretende reescribir la historia etiquetando como malo y asesino al bando ganador de la guerra, y como bueno y demócrata al perdedor.
El objetivo de Zapatero y de su discípulo Pedro Sánchez no es otro que levantar muros y retrotraernos al guerracivilismo, para así resucitar a la que llaman "ultraderecha", que prácticamente no existía, lo que les permite justificar un cordón sanitario, que curiosamente no se pone a la "ultraizquierda".
No creo que nadie discuta que hubo gente malvada en un bando y en otro durante la guerra civil. Tampoco creo que nadie niegue ni la dura represión del franquismo ni los sangrientos episodios de una república desbordada por una revolución interna que quería derrocarla para implantar un nuevo régimen comunista siguiendo el ejemplo soviético.
Supongo que decir que la II República no fue un régimen tan idílico como algunos nos lo pintan, me supondrá ser tachado de derechista revisionista, o simplemente facha. Y más aún cuando les diga que yo también tuve un abuelo, y un tío, a los que las milicias o las autoridades republicanas asesinaron en Madrid en agosto de 1936. Probablemente, como tantos otros, solo por ser católicos. A mi padre, con 26 años y siendo el mayor de 7 hermanos, le tocó el papel de identificar el cuerpo de mi abuelo. Nunca me habló de ello ni me inculcó un sentimiento de venganza. Quizás por eso no me interesa lo más mínimo descubrir quiénes fueron los asesinos para saldar cuentas casi 90 años después.
En enero, desde Sociedad Civil Navarra presentamos el libro de Nicolás Redondo Terreros No me resigno. Nos explicó que su familia sufrió la represión y el exilio interno durante el franquismo por las ideas políticas de su padre. Sin embargo, sus críticas al revanchismo vestido de "memoria histórica/democrática" no pueden ser más contundentes a lo largo del libro. Aquí les doy algún ejemplo: "Vivimos la borrachera de la denominada memoria histórica. Una memoria subjetiva, reivindicativa y militante...".
"El sufrimiento individual de las víctimas, con nombres y apellidos, me merecen todo el respeto; los que quieren construir una vez más muros ideológicos y trincheras entre buenos y malos, gozan de toda mi desconsideración."... "La exaltación de la República es utilizada por muchos. Entre los partidos radicales de izquierdas y los nacionalistas, que paradójicamente contribuyeron en gran medida a debilitarla y desprestigiarla, se ha empleado esta memoria de corto alcance para impugnar la Transición del 78 y sus consecuencias políticas".
Hay un libro de Juan Eslava Galán cuyo título lo dice todo: Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie. También les recomiendo un libro-cómic con extraordinarios textos de Felipe Hernández Cava titulado Estampas 1936, que relata el sufrimiento de muchos españoles de ambos bandos durante la guerra, y la tristeza de esa tercera España, impotente para frenar la confrontación, pero cuyo espíritu de reconciliación afortunadamente inundó nuestra Transición gracias al marco de la Constitución de 1978.
La lucha obrera por la democracia fue muy meritoria, y la actitud moderada de sus líderes sindicales y políticos fue clave para el inmenso éxito colectivo de la Transición, pero no tuvieron menos mérito un Monarca y muchos políticos que, aunque procedían del anterior régimen, dieron los pasos necesarios para la apertura y la democracia a través de la reconciliación y la convivencia.
Reivindiquemos también la autoestima de la Transición, porque sin la Transición no habría democracia.
EDUARDO LÓPEZ-DÓRIGA ENRIQUEZ - DIARIO DE NAVARRA
Presidente de Sociedad Civil Navarra








