La ciudad de los matojos

01 - 09 - 2022 / ARCADI ESPADA - EL MUNDO (PREMIUM)

La ciudad de los matojos

LAS LLAMADAS de Feijóo al conde de Godó –cree el Gallego que La Vanguardia aún pone y quita necrológicas– siguen dando resultado negativo: no le encuentran hombre o mujer o mascota que pueda competir por la alcaldía de Barcelona. No es un caso único. Solo hay un candidato a la alcaldía y es Ada Colau: lo demás es oquedad o desecho de tienta. Esta circunstancia es verdaderamente formidable y no tiene solo como explicación las ventajas que da el ejercicio del poder. Los problemas de la izquierda en Madrid para presentar una alternativa son comprensibles. Puede que Almeida sea un alcalde mediocre, pero a nadie se le ocurriría decir que es el símbolo de la decadencia madrileña, porque esa decadencia no existe. Por el contrario, Colau representa la decadencia barcelonesa. Incluso de un modo excesivo e injusto. Es verdad que la metáfora más precisa de su ciudad está en sus alcorques, desbordados de malas hierbas por razones presuntamente ecológicas. De la ciudad de los prodigios ha pasado a ser la ciudad de los matojos y sin tener quien la escriba. Pero la decadencia de Barcelona, por más que Colau la encarne, es obra fundamental del nacionalismo sedicioso. Una ciudad puede permitirse los fracasos colectivos. De hecho, puede permitirse ser el Titanic y rajarse contra cualquier iceberg de los días. Pero, caramba, era el Titanic: una joya que navegaba solemnemente antes de partirse. El ridículo es otra cosa. La grave aportación del Proceso a la historia de la ciudad es la de haberla convertido en el escenario principal de una ridiculez espantosa, ejemplificada cenitalmente en aquellos ocho segundos de independencia precoz. Las consecuencias de aquel incidente –protagonizado, además, por rurales: una gente tipo Alcarràs cuya más intensa pasión por Barcelona es la  venganza– serán de múltiple espectro y duraderas. Entre ellas está la deserción de las élites de cualquier proyecto político. No es un fenómeno estrictamente barcelonés, desde luego. Pero en Barcelona, en la Cataluña-Ciudad, adquiere hoy una proporción colosal. Todo lo público, y hasta podría decirse que todo lo colectivo, genera entre los mejores una aprensión imbatible.

La política en Cataluña es un desahucio. Se comprende bien que la ínclita y asombrosa Ada Colau Ballano en tal alcorque florezca. [Publicado el 28/08/2022]

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