La eutanasia es para pobres

28 - 03 - 2026 / MARISOL OVIANO – VOZPÓPULI

Noelia era joven, guapa y pobre; sufría TLP (Trastorno Límite de la Personalidad), TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) y discapacidad intelectual. Alguien con ese perfil padece, por definición, miedo al abandono; qué no sentiría cuando pasó a estar bajo la tutela del Estado tras el divorcio de sus padres, que no supieron estar a la altura de las circunstancias. Y, por si eso fuera poco, a raíz de su penúltimo intento de suicidio —se arrojó desde un quinto piso— tras una agresión sexual múltiple, sufría incontinencia fecal y urinaria y dolores neuropáticos paliados con morfina, fentanilo y Citalopram.

Pero lo peor fue el calvario emocional que sufrió hasta llegar, con las pupilas dilatadas por las drogas analgésicas, a la férrea voluntad de matarse. De “desvivir”, dijo su madre perfectamente maquillada ante las cámaras de televisión mientras no podíamos dejar de mirar el terror desorbitado en los ojazos de su hija. “Quizá Noelia haya nacido en la familia equivocada”, aventuró sacudiéndose cualquier responsabilidad como un perro mojado se sacude el agua.  Como si Noelia hubiera podido elegir nacer en una familia mejor, se hubiera confundido de puerta y hubiera llegado el momento de que pagara por ello.

MARISOL OVIANO – VOZPÓPULI

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